NUESTROS PATRONES

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Sagrado Corazón de Jesús y María

sábado, 22 de junio de 2013

El Papa exhorta a erradicar el chisme que hace tanto daño en la Iglesia

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El Papa exhorta a erradicar el chisme que hace tanto daño en la Iglesia
VATICANO, 19 Jun. 13 / 10:08 am (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco alentó a nunca decir chismes sobre otros, que hacen tanto daño a la Iglesia, y pidió en cambio trabajar por la unidad para superar los conflictos entre los fieles. Así lo indicó en su catequesis de hoy ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro.
En su reflexión sobre la Iglesia como Cuerpo de Cristo, el Papa dijo que "la unidad es superior a los conflictos, la unidad es una gracia que debemos pedir al Señor para que nos salve de las tentaciones, de las divisiones, de las luchas entre nosotros y del egoísmo, de los chismes, ¡eh! ¡Cuánto daño hacen los chismes: cuánto daño, eh! Cuánto daño. Nunca chismes sobre los otros: nunca. ¡Cuánto daño causa a la Iglesia las divisiones entre los cristianos, los partidismos, los intereses mezquinos!"
"Recordemos bien: ser parte de la Iglesia quiere decir estar unidos a Cristo y recibir de Él la vida divina que nos hace vivir como cristianos, significa permanecer unidos al Papa y a los Obispos que son instrumentos de unidad y de comunión, y también significa aprender a superar personalismos y divisiones, entenderse mejor, armonizar la variedad y las riquezas de cada uno; en una palabra: a querer más a Dios y a las personas que están junto a nosotros, en la familia, en la parroquia, en las asociaciones. ¡Cuerpo y extremidades para vivir deben estar unidos! La unidad es superior a los conflictos, siempre".
Francisco resaltó luego que "los conflictos, si no se superan bien, nos separan, nos separan de Dios. El conflicto puede ayudarnos a crecer, pero también nos puede dividir. Nosotros no vamos por el camino de las divisiones, de la lucha entre nosotros, ¡no! Todos unidos, todos unidos con nuestras diferencias, pero unidos, unidos siempre, ¡que ese es el camino de Jesús!"
El Santo Padre explicó también que San Pablo se refiere a la Iglesia como cuerpo de Cristo y explica así el profundo vínculo entre el Señor y los fieles: "en primer lugar, el cuerpo nos llama a una realidad viva. La Iglesia no es una asociación benéfica, cultural o política, sino que es un cuerpo vivo, que camina y actúa en la historia. Y este cuerpo tiene una cabeza, Jesús, que lo guía, lo alimenta y lo sostiene".
"Este es un punto que quiero destacar: si se separa la cabeza del resto del cuerpo, la persona no puede sobrevivir. Así es en la Iglesia: debemos permanecer unidos cada vez más profundamente a Jesús: Pero no sólo eso: como en un cuerpo, es importante que corra la savia vital para que viva, así debemos permitir que Jesús obre en nosotros, que su Palabra nos guíe, que su presencia en la Eucaristía nos alimente, nos anime, que su amor dé fuerza a nuestro amar al prójimo".
Francisco recordó luego, en cuanto a la unidad, que estuvo con un pastor evangélico reunido en Santa Marta e incluso rezó con él: "Buscando la unidad. Pero tenemos que orar entre nosotros, católicos, y también con los cristianos, orar para que el Señor nos dé la unidad: ¡la unidad entre nosotros!"
"Pero, como tendremos la unidad entre los cristianos, si no somos capaces de tenerla entre nosotros los católicos, de tenerla en la familia -¡cuántas familias luchan y se dividen! Busquen la unidad que es la unidad que hace la Iglesia y la unidad que viene de Jesucristo. Él nos envía el Espíritu Santo para hacer la unidad".
Para leer la catequesis completa, ingrese a:

El vuelo del Halcón

El vuelo del Halcón

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Un rey recibió como obsequio dos pequeños halcones y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara. Pasado unos meses, el maestro le informó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente, pero que al otro, no sabía que le sucedía pues no se había movido de la rama donde lo dejó, desde el día que llegó. El rey mandó a llamar a curanderos y sanadores para que vieran al halcón, pero nadie pudo hacerlo volar. Al día siguiente el monarca decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa a la persona que hiciera volar al halcón. A la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente por los jardines. El rey le dijo a su corte:
—Traedme al autor de este milagro. Su corte le llevó a un humilde campesino. El rey le preguntó:
—¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres acaso un mago? Intimidado el campesino le dijo al rey:


—Fue fácil, mi Señor, sólo corté la rama y el halcón voló, se dio cuenta de que tenía alas y se largó a volar.
Alcancemos alturas antes de que alguien nos corte nuestra rama.

miércoles, 19 de junio de 2013

PAPA FRANCISCO I

NO SEAMOS HIPÓCRITAS Y MORALISTAS.

El cristianismo no es una “casuística” de preceptos: esta concepción impide comprender y vivir el hecho de que Dios es alegría y magnanimidad. Lo reafirmó el Papa Francisco en su homilía de la misa de esta mañana celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. (...)

Los hipócritas que “llevan al pueblo de Dios por un camino sin salida”: son éstos los protagonistas del Evangelio de hoy y de la homilía del Papa. El Pontífice reflexionó sobre el célebre pasaje de Mateo que presenta el contraste entre el comportamiento de escribas y fariseos – que se pavonean en público cuando dan la limosna, rezan o ayunan – y el que, en cambio, Jesús indica a los discípulos como la actitud justa que hay que asumir en las mismas circunstancias, es decir, el “secreto”, la discreción agradable y premiada por Dios. En particular, además de la vanidad de los escribas y los fariseos, el Papa Francisco se refirió a la voluntad que tenían de imponer a los fieles “tantos preceptos”. Y los definió “hipócritas de la casuística”, “intelectuales sin talento” que “no tienen la inteligencia de encontrar a Dios, de explicar a Dios con inteligencia”, y haciendo así impiden a sí mismos y a los demás el ingreso en el Reino de Dios:

“Jesús lo dice: ‘No entran ustedes y no dejan entrar a los demás. Son eticistas sin bondad, no saben qué es la bondad. Pero sí, son eticistas. ‘Se debe hacer esto, esto, esto...’ Te llenan de preceptos, pero sin bondad. Y los de las filacterias que se adosan tantas vestimentas, tantas cosas, para hacer un poco de cuenta que son majestuosos, perfectos, no tienen el sentido de la belleza. No tienen el sentido de la belleza. Llegan sólo a una belleza de museo. Intelectuales sin talento, eticistas sin bondad, portadores de bellezas de museo. Éstos son los hipócritas, a los cuales Jesús reprocha tanto”.
“Pero no termina acá, prosiguió diciendo Francisco. En el Evangelio de hoy – observó – el Señor habla de otra clase de hipócritas, aquellos que van sobre los sagrado”:




“El Señor habla del ayuno, de la oración, de la limosna: los tres pilares de la piedad cristiana, de la conversión interior, que la Iglesia nos propone a todos nosotros en la Cuaresma. También por este camino hay tantos hipócritas, que se pavonean de ayunar, dar la limosna y rezar. Yo pienso que cuando la hipocresía llega a ese punto de la relación con Dios, nosotros estamos bastante cerca del pecado contra el Espíritu Santo. Éstos no saben de belleza, éstos no saben de amor, éstos no saben de verdad: son pequeños, viles”.

“Pensemos en la hipocresía en la Iglesia: cuánto mal nos hace a todos”, reconoció con claridad el Papa Francisco. Que, en cambio, indica como “icono” para imitar a un personaje descripto en otro pasaje del Evangelio. Se trata del publicano que con humilde sencillez reza diciendo: “Ten piedad de mí, Señor, que soy un pecador”. “Ésta – afirmó el Papa – es la oración que debemos hacer todos los días, con la conciencia de que somos pecadores”, pero “con pecados concretos, no teóricos”. Es esta oración, concluyó, la que nos ayudará a recorrer el camino contrario a la hipocresía, tentación que, recordó, “todos nosotros tenemos”:

“Pero todos nosotros tenemos también la gracia, la gracia que viene de Jesucristo: la gracia de la alegría, la gracia de la magnanimidad, de la amplitud. El hipócrita no sabe lo que es la alegría, no sabe lo que es la amplitud, no sabe lo que es la magnanimidad”.

También yo me pongo en camino con ustedes


Hoy están en esta plaza tantos jóvenes: desde hace 28 años, el Domingo de Ramos es la Jornada de la Juventud. Y esta es la tercera palabra: jóvenes.Queridos jóvenes, los he visto en la procesión cuando entrabais; los imagino haciendo fiesta en torno a Jesús, agitando ramos de olivo; los imagino mientras aclaman su nombre y expresan la alegría de estar con Él.

Ustedes tienen una parte importante en la celebración de la fe. Nos traen la alegría de la fe y nos dicen que tenemos que vivir la fe con un corazón joven, siempre: un corazón joven incluso a los setenta, ochenta años. Corazón joven. Con Cristo el corazón nunca envejece. Pero todos sabemos, y ustedes lo saben bien, que el Rey a quien seguimos y nos acompaña es un Rey muy especial: es un Rey que ama hasta la cruz y que nos enseña a servir, a amar. Y vosotros no os avergonzáis de su cruz. Más aún, la abrazan porque han comprendido que la verdadera alegría está en el don de sí mismo, en el don de sí, en salir de uno mismo, y en que él ha triunfado sobre el mal con el amor de Dios. Llevan la cruz peregrina a través de todos los continentes, por las vías del mundo. La llevan respondiendo a la invitación de Jesús: «Id y haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19), que es el tema de la Jornada Mundial de la Juventud de este año. La llevan para decir a todos que, en la cruz, Jesús ha derribado el muro de la enemistad, que separa a los hombres y a los pueblos, y ha traído la reconciliación y la paz.
 
 
 
 
Queridos amigos, también yo me pongo en camino con vosotros, desde hoy, sobre las huellas del beato Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ahora estamos ya cerca de la próxima etapa de esta gran peregrinación de la cruz de Cristo. Aguardo con alegría el próximo mes de julio, en Río de Janeiro. Les doy cita en aquella gran ciudad de Brasil. Prepáranse bien, sobre todo espiritualmente en sus comunidades, para que este encuentro sea un signo de fe para el mundo entero. Los jóvenes deben decir al mundo: Es bueno seguir a Jesús; es bueno ir con Jesús; es bueno el mensaje de Jesús; es bueno salir de uno mismo, a las periferias del mundo y de la existencia, para llevar a Jesús. Tres palabras: alegría, cruz, jóvenes.
 
Pidamos la intercesión de la Virgen María. Ella nos enseña el gozo del encuentro con Cristo, el amor con el que debemos mirarlo al pie de la cruz, el entusiasmo del corazón joven con el que hemos de seguirlo en esta Semana Santa y durante toda nuestra vida. Que así sea.

Fragmento de la Homilía del Domingo de Ramos del 2013
Papa Francisco, Plaza San Pedro

domingo, 16 de junio de 2013

GRAN RIFA KERMESSE


PALABRA DE DIOS

Un encuentro con la misericordia de Dios.
Domingo 16-06-2013
Del santo Evangelio según san Lucas 7, 36-8, 3

 
En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús se fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies, lo enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume. Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: “Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora”:
Entonces Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. El fariseo contestó: “Dímelo, Maestro”. El le dijo: “Dos hombre le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios y el otro, cincuenta. Como no tenía con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?” Simón le respondió: “Supongo que aquel a quien le perdonó más”.
Entonces Jesús le dijo: “Haz juzgado bien”. Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama”. Luego le dijo a la mujer: “Tus pecados te han quedado perdonados”.
Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: “¿Quién es éste, que hasta los pecados perdona?” Jesús le dio a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz”.
Después de esto, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes.
Oración introductoria

Sagrado Corazón de Jesús, , «nos esperas, nos amas, nos has perdonado y nos perdonas cada vez que vamos a pedirte perdón». ¡Gracias por tanto amor! No dejes que me habitúe a tu gracia ni a tu perdón. Concédeme acercarme a Ti en esta oración con un corazón contrito y una voluntad decidida a la conversión.

Petición

Señor, que mi oración conforte a todas las personas necesitadas de tu misericordia.

Meditación
Un encuentro con la misericordia de Dios.

«Aprovecho de buen grado la ocasión para proponer a vuestra atención algunas reflexiones sobre la administración de este sacramento en nuestra época, que por desgracia está perdiendo cada vez más el sentido del pecado. Es necesario ayudar a quienes se confiesan a experimentar la ternura divina para con los pecadores arrepentidos que tantos episodios evangélicos muestran con tonos de intensa conmoción. Tomemos, por ejemplo, la famosa página del evangelio de san Lucas que presenta a la pecadora perdonada […] Es elocuente el mensaje que transmite este pasaje evangélico: a quien ama mucho Dios le perdona todo. Quien confía en sí mismo y en sus propios méritos está como cegado por su yo y su corazón se endurece en el pecado. En cambio, quien se reconoce débil y pecador se encomienda a Dios y obtiene de él gracia y perdón. Este es precisamente el mensaje que debemos transmitir: lo que más cuenta es hacer comprender que en el sacramento de la Reconciliación, cualquiera que sea el pecado cometido, si lo reconocemos humildemente y acudimos con confianza al sacerdote confesor, siempre experimentamos la alegría pacificadora del perdón de Dios» (Benedicto XVI, 7 de marzo de 2008).

Reflexión apostólica

«[La confesión] Ayuda también a afianzar la experiencia de la propia impotencia y a confiar más plenamente en la gracia de Dios nuestro Señor» (Manual del miembro del Movimiento Regnum Christi, n. 257).

Diálogo con Cristo
Es mejor si este diálogo se hace espontáneamente, de corazón a Corazón.

Señor, soy un pecador necesitado de tu gracia. Sería inútil mi oración y cualquier otro esfuerzo que no parta de esta verdad. Por ello te pido que no permitas que la desorganización personal, la desidia o el descuido me alejen de la Confesión o de la Eucaristía. Hazme salir de esta meditación decidido a alimentarme constantemente de tu gracia en los sacramentos.

Propósito

Comentar a la familia el sentido del acto penitencial en la Eucaristía para que, durante la celebración de hoy, todos participemos con un especial fervor.

«Vive con profundidad el encuentro con Cristo en los sacramentos de la penitencia y la Eucaristía»

(Cristo al centro, n. 851).

SANTO ROSARIO - Misterios Gloriosos